14/6/09

Fragmentos I

Más tarde, al hacerse de noche, se asomó a la puerta. Me acerqué a ella, que iba retirándose despacio dentro del portal; la cogí por la mano y le dije: "Soy un aficionado a las bellas flores y a los besos, y lo que no se me da de agrado, lo robo." Y la besé con vivacidad, y al querer huir ella, yo le susurré persuasivo: "Mañana me voy, y jamás volveré..." Y entonces percibí secreta la presión de sus bellos labios y de sus manecitas.
Sonriente, me apresuré a marcharme. [...]

[H. Heine, El viaje al Harz]

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